La escapada a tierras catalanas se acaba. Últimamente es una constante subir a Cataluña, y esta vez, subir, no es una metáfora.
Cigarrito en la tumbona del balcón de la habitación, un grupo de córvidos, no sabría decir si cuervos o cornejas. Un par de águilas que no dejan de dar vueltas. Está claro que no quieren que lea las historias de
Palomar de Beto Hernandez mientras fumo. Cualquiera lo hace, para cuando se van, empiezan a aparecer montones de pajaritos. Muy claros para ser golondrinas; por como se posan, vencejos no son y con esas manchas blancas sobre la cola no son aviones. Menos mal que mi chica está en todo y tiene la guía de aves en el coche. Avión roquero, de ésos en la ciudad no se ven, me dice Raquel. Y si Raquel lo dice...
Con el repelús que me da a mi el cine de James Ivory y que tenga que recurrir a esto. Vergüenza es lo que doy, pero es que la habitación tiene vistas, y yo, algo tendré que poner.
Valle de Arán, Lleida. Oct. 2008